domingo, 20 de abril de 2014

Larry Flynt y Cenicienta





Foucault nos instruye sobre esos mecanismos de poder que se ejercer sobre el ciudadano para mantenerlo a raya, inmóvil, sobre el eje que se requiere en el engranaje social. En la película magistral The people versus Larry Flint, encontramos precisamente un individuo que intenta mantenerse por fueras de esos márgenes. 

El personaje es alguien que va amasando su fortuna con una revista pornográfica y todo lo que eso implica.  Obviamente, es algo que contradice las instituciones mojigatas que ven en los comportamientos no permitidos un pecado, un crimen que debe ser juzgado, un mal que debe ser erradicado para bien de  las tradiciones. Sin embargo, Larry con su astucia, se enfrenta todo esto y logra salir victorioso en muchas ocasiones.  Pero  la maquinaria no descansará hasta verlo sufrir.

En parte en eso consiste la libertad: en hacer lo que uno quiere y como quiere, aun nadando en contra de la corriente, pero con el gravamen del dolor, el sufrimiento de quien no acata las leyes impuestas. En Cenicienta, encontramos algo similar, una situación en la que la princesa es vilipendiada, tratada como una sirvienta, bajo en el influjo de su madrasta y sus hermanastras, que sería como ese panóptico, ese ojo que la vigila todo tiempo y restringe sus acciones. 

A pesar de esto, Cenicienta logra, con ayuda mágica del hada madrina, escabullirse de su suerte y asistir al baile donde encontrará su príncipe azul. Aún después de esto, su regreso a la realidad es inminente: tiene que seguir viviendo bajo el yugo impuesto hasta que finalmente el enviado especial del reino, la encuentra y la saca de esta situación, otorgándole lo que quería: su libertad en matrimonio con el príncipe. De ahí en adelante todo será perdices y felicidad, como todo cuento de hadas. 

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