Foucault
nos instruye sobre esos mecanismos de poder que se ejercer sobre el ciudadano
para mantenerlo a raya, inmóvil, sobre el eje que se requiere en el engranaje
social. En la película magistral The people versus Larry Flint, encontramos
precisamente un individuo que intenta mantenerse por fueras de esos
márgenes.
El personaje es alguien que va
amasando su fortuna con una revista pornográfica y todo lo que eso
implica. Obviamente, es algo que
contradice las instituciones mojigatas que ven en los comportamientos no
permitidos un pecado, un crimen que debe ser juzgado, un mal que debe ser
erradicado para bien de las tradiciones.
Sin embargo, Larry con su astucia, se enfrenta todo esto y logra salir victorioso
en muchas ocasiones. Pero la maquinaria no descansará hasta verlo
sufrir.
En parte en eso consiste la libertad: en hacer lo que uno quiere y como
quiere, aun nadando en contra de la corriente, pero con el gravamen del dolor,
el sufrimiento de quien no acata las leyes impuestas. En Cenicienta,
encontramos algo similar, una situación en la que la princesa es vilipendiada,
tratada como una sirvienta, bajo en el influjo de su madrasta y sus hermanastras,
que sería como ese panóptico, ese ojo que la vigila todo tiempo y restringe sus
acciones.
A pesar de esto, Cenicienta logra, con ayuda mágica del hada madrina,
escabullirse de su suerte y asistir al baile donde encontrará su príncipe azul.
Aún después de esto, su regreso a la realidad es inminente: tiene que seguir
viviendo bajo el yugo impuesto hasta que finalmente el enviado especial del
reino, la encuentra y la saca de esta situación, otorgándole lo que quería: su
libertad en matrimonio con el príncipe. De ahí en adelante todo será perdices y
felicidad, como todo cuento de hadas.


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