viernes, 18 de abril de 2014

Los tres colores: Azul de Krzysztof Kieślowski



Me ha llamado fuertemente la atención la manera como Kieślowski comienza las películas de su aclamada trilogía Trois Couleurs. En Azul, la  obra con la que inicia este memorable acontecimiento cinematográfico, vemos cómo desde los primero segundo intenta captar la atención y situarnos en el acontecimiento que desencadena el argumento.

Hay pues un plano detalle de la llanta del carro mientras este transita rápidamente por la carretera. El filtro de luz que tiene la cámara, como en muchas escenas de la película, es de un azul tenue, que es contrastado con el negro y el blanco en que se configuran los elementos iniciales del plano(los otros automóviles, los separadores de los carriles, las líneas que trazan la autopista, etc.) Así, después pasamos a otro plano detallado, esta vez en una de las ventanas del carro donde una mano de niña sostiene un envoltorio de color azul, mucho más intenso, en comparación con el que está difuminado en el filtro.

 Luego pasamos a observar el interior del carro, donde la niña mira por el espejo panorámico trasero, detallándose las luces de colores que dan la sensación de tráfico nocturno. Por supuesto, luego la cámara nos pone en un plano de opacidad, en el que vemos de frente lo que anteriormente solo veía la niña e intuíamos. Es como si primero nos forzara a inferir lo que a continuación veríamos, todo en movimiento, tornadizo, donde las figuras pierden un tanto su forma y mutan a través del viaje proyectado en el vidrio del carro.  Posteriormente, entramos en otra escena en la que  ya es de día, dejándonos con la idea de que han pasado muchas horas desde que arrancó la escena inicial, basándonos pues en los cortes y el cambio de la atmósfera (diurna-nocturna-diurna).

 Volvemos aquí a presenciar el azul tenue y la aparición de un plano detalle, cuando la niña regresa del campo al carro y se enfoca la cámara en manguerita debajo del carro que gotea un líquido viscoso. Este detalle aparentemente sin importancia, cobra gran significado a continuación, ya que explica el porqué del accidente (la pérdida de los frenos por una falla mecánica). Cabe resaltar la escena del accidente, ya que nos muestra también un plano detalle, el de la mano del joven que juega con su koka, que será luego contrastado, ya que el joven logra acertar en el mismo momento en el que el carro choca contra un árbol, el mismo en que sonríe para pasar al desconcierto.

 Hay en esto un maestría narrativa desde lo visual, ya que logra comunicarnos a través de pequeños detalles la secuencia que lleva al quiebre y comienzo de la historia. Además que lo hace de una manera muy sutil, casi como el color azul tenue, que da la sensación de suavidad y pasividad, como dice A. Dondis en su libro La Sintáxis de la Imagen, en la que las pequeñas cosas se presentan y el espectador tiene que completarlas. De igual manera, vemos que, no solo en el comienzo de la película,  el color está cargado de información y es una de las experiencias visuales más penetrantes, tal como A. Dondis recalca, ya que nos evoca un sentir ligado a la libertad y a la fluidez de la vida, en el sentido del viaje, del movimiento, o como en la escena de la piscina, el de sortear los acontecimiento, enfrentarlos en ese espacio líquido y azul, en un contrapicado que nos muestra la lucha misma con la naturaleza.

Así también, el azul va a estar presente en otros elementos de la cinta, como en el adorno de piedras que ella tiene en la mansión donde vivía con su esposo, al cual le arranca una parte y luego apretuja entre sus manos, mientras estas piedras brillantes le riegan destellos de luz en su rostro cuando las mira. Aquí creo que es de resaltar el elemento de la textura, ya que como se menciona en La Sintaxis,  es el elemento visual que sirve frecuentemente de «doble» de las cualidades de otro sentido, el tacto. Esta textura juega un papel importante en la escena cuando Julie abandona la casa de su matrimonio y al caminar pone su puño contra la pared rocosa y la arrastra, lacerándose los nudillos.


Es pues una imagen potente, que trasmite al espectador el dolor físico que produce esta  textura que captamos en lo visual, pero que se trasmite directamente al tacto, al relacionarlo con la sensación somatizada que esta produce. Así son muchos elementos visuales que se utilizan acertadamente y que comunican de una forma estética, desarrollando un argumento intimista, en  el que es fundamental lo sentido por el personaje. La astucia está, precisamente, en conmovernos, en disponer de las formas  necesarias, como los planos detallados, el color o la textura, para generarnos la melancolía, el dolor, la vida misma en un mundo después de la pérdida.

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