Aquí
existió una palabra
hace
30 millones de años.
Podemos
ver el aire fosilizado
y su
endeble estructura
fusionada
con la roca, hecha una sola,
por
los procesos químicos
que
devienen con el tiempo.
No
era una palabra muy común,
pero
es posible analizar su estructura
gracias
a lo que ha quedado de ella.
Sin
embargo, no podemos precisar,
con
exactitud, quién la pronunció
o
qué efecto tuvo en su hábitat natural.
Sabemos
que se alimentaba de deseos
y
que el aliento era necesario
para
su pronunciación
y ,
por tanto, la vida.
Pero,
en ningún momento,
nos
atrevemos a decir que era
la
única en su especie y que,
dada
su su incapacidad de adaptación,
no
sobrevivió y fue dejada atrás
por
otras con mayor arraigo en el ecosistema.
Solo
algunas conjeturas,
imposibles
de verificar científicamente,
nos
disponemos a abordar.
A
mí, personalmente, me gusta creer
que
esta palabra tan lejana
cumplió
su cometido en la tierra
y
ahora, debido a su descubrimiento,
podemos
imaginarnos
que
el lenguaje es más antiguo
de
lo que pensábamos
y
que tal vez nos trascienda
y se
imponga, finalmente,
sobre
las demás creaciones humanas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario